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Para la esperanza

Para La Esperanza

Escribe Gonzalo Civila | Secretario General

“A veces se dice que la izquierda debe correrse al centro para ganar o mantener las mayorías sociales o electorales. Consideramos que esa es una formulación equivocada. En todo caso hay que tratar que sea el “centro” social o electoral quien se corra a la izquierda. Mejor todavía es decir que la izquierda, si aspira a construir la hegemonía de sus ideas como nuevo sentido común, debe en cada coyuntura, paso a paso, hacer la mejor síntesis posible de los intereses de clase dentro de los sectores del Bloque Popular Alternativo, para poder consolidar en algunos momentos y avanzar en otros, aislando a las expresiones políticas de la burguesía.” Aporte del PS a la discusión de balance, evaluación crítica, autocrítica y perspectivas del FA .

“Se trata de potenciar las organizaciones sociales del campo popular y en generar las instancias participativas que puedan surgir y expresarse. Esto incluye tanto el diálogo durante la campaña anti LUC, para resistir los retrocesos, defender las conquistas que se pretenden arrasar y elaborar la propuesta de futuro, como la gestación de múltiples instancias de articulación y de construcción de nuevas experiencias en lo barrial, lo comunitario y lo temático.” Plan Político del PS, 2021-2022.

797 mil 261 voluntades. En plena pandemia, con los poderosos en contra e invisibilizando la campaña, contra todo pronóstico, contra viento y marea. Una verdadera hazaña. No nos creímos ganadores, no la tuvimos fácil, no nos acompañó la “suerte”. No fue un acto sino un proceso. No fue el yo sino el nosotros. Tampoco hubo caudillos salvadores ni “líderes naturales” ni dirigencias esclarecidas. Otra vez es el héroe colectivo el que nos devuelve la esperanza, otra vez es la fuerza de las y los débiles la que cambia las cosas, otra vez lo que no se ve, no se muestra o no se nombra demasiado va gestando silenciosamente lo nuevo. Y no hay nada más contrarrevolucionario que ponerle nombres propios a esta patriada. Sería imperdonable que contribuyamos, aún sin quererlo, a una síntesis conservadora a nombre del pragmatismo o la “política de masas”. 

Tal vez convenga explicitar un poco más el porqué de esta obsesión.  Es que estamos aquí, en la región y en el mundo en un momento de latencia y transición y – salvo que creamos que unos buenos dirigentes pueden hacer una revolución – no hay forma de que la izquierda pueda reencontrarse consigo misma y su potencial transformador, si no es luchando a brazo partido contra el individualismo y reafirmando que las hazañas colectivas son posibles y nos necesitan a todas y a todos. Dicho de otro modo, el verdadero quid de lo que a veces se ha llamado “política de masas” es que el pueblo tome en sus manos su propio destino, que se convierta en real protagonista. Contribuir a eso – en tiempos en que los relatos dominantes reducen la política a “figuras”, liderazgos individuales e instituciones cerradas – a veces implica también que los egos grandes se animen a correrse un poco de la escena y a cortar el círculo vicioso de su autoafirmación. La vida, y la democracia directa, nos están dando una enorme oportunidad. Dejemos pasar la oportunidad personal y démosle la chance a la oportunidad colectiva, eso también demuestra nuestra talla. 

“Para encarar adecuadamente las tareas del futuro debemos profundizar en el análisis de las tendencias a la afirmación de proyectos individuales, así como a la burocratización, centralización y corporativización de la política -fenómenos que suponen la priorización de los espacios por sobre el proyecto-”, decíamos las y los socialistas en nuestro aporte al debate sobre autocrítica y perspectivas del Frente Amplio a fines del año pasado. Pero no se trata sólo de analizarlo sino sobre todo de actuarlo. Y la autocrítica desafió la cultura de la selfie, de la comodidad y de la indiferencia, también se sobrepuso a la tentación de la resignación y del desánimo, y caminó las calles, las veredas, las plazas, las casas, de todo el país y hasta del exterior.

Durante este proceso, desde el Partido Socialista, decidimos cinco cosas: 1) no intentar vanguardizar nada ni a nadie, respetar la autonomía de lo social y su iniciativa genuina; 2) aportar -con toda la convicción y el compromiso de que fuéramos capaces- a la articulación política y la ejecución de esta iniciativa, asumiendo las tensiones propias de un diálogo participativo entre diversas organizaciones y colectivos, tan complejo como imprescindible; 3) no encarar el debate desde la política de cúpulas, con moldes parlamentaristas, burocráticos o corporativos, ni con ánimo de contener nada, sino desde la perspectiva de la lucha social y democrática; 4) evitar la comunicación política tradicional y caudillista, centrada en dirigentes o en grifas; 5) seguir adelante con nuestra tarea de denunciar y enfrentar las políticas antipopulares, sin cálculos ni oportunismos, seguros de que esto además de ser justo también contribuiría al avance de la campaña. 

El protagonismo de las y los militantes del Partido, sin sectarismo, en sus frentes de militancia social y política, así como el de compañeras y compañeros de tantas organizaciones del campo popular, es innegable y nos llena de alegría y entusiasmo. 

El papel de los comités de base del Frente Amplio emociona y vuelve a reafirmar la validez y vigencia de la herramienta. 

La audacia de nuestras organizaciones sociales y su esfuerzo denodado nos marca un camino. 

En el Plenario Nacional del Frente Amplio donde nos tocó discutir sobre el posicionamiento de la fuerza política respecto de la iniciativa de referéndum, recordamos aquella vieja y actual discusión que con tanta lucidez formuló Rosa Luxemburgo: “La actitud de muchos dirigentes…se resume en la siguiente afirmación: ‘Todavía no contamos con fuerzas suficientes como para arriesgarnos a una prueba tan dura’…Esta posición es insostenible…La concepción rígida, mecánico-burocrática, sólo puede concebir la lucha como producto de una organización que cuenta con cierto nivel de fuerza. Por el contrario, para la explicación viva, dialéctica, la organización surge como resultado de la  lucha.”Y otra vez la lucha construyó nuevas y mejores condiciones para seguir luchando. 

La campaña también nos deja enormes desafíos: tender la mano a otras organizaciones sociales y ojalá relanzar la Intersocial, fortaleciendo una nueva unidad social para una nueva unidad política; dejarnos interpelar por todas quienes cuestionaron y cuestionan formas patriarcales y cupulares de funcionar; y animarnos a arriesgar, nunca más subestimarnos a nosotras y a nosotros mismos ni hacer mero seguidismo de la “opinión pública”, tampoco sobreestimar el poder del blindaje y el cerco mediático.

“La etapa que se inicia será de defensa de la democracia y las conquistas sociales, oposición a las políticas de derecha, y construcción de una alternativa popular. El compromiso del Partido Socialista y el Frente Amplio con la clase trabajadora, las mayorías sociales y los colectivos históricamente postergados y discriminados, implicará una praxis política permanente de articulación desde abajo y de politización de la vida cotidiana, promoviendo la organización social y la movilización para cuidar lo logrado y formular alternativas. Este movimiento supone una priorización del trabajo desde la clase trabajadora, las periferias y las situaciones fronterizas donde se expresan con más crudeza las injusticias sociales”, escribimos también en nuestras reflexiones socialistas sobre la autocrítica. 

Hoy se abre una nueva fase dentro de esa etapa y lleva la marca profunda de la democracia, y de la cultura solidaria y militante. Otros y otras escribirán análisis más “objetivos” y ponderarán las consecuencias de este punto de inflexión sobre el presente y el futuro del país. A su vez será necesario profundizar en una reflexión serena y colectiva, sin descuidar las urgencias y la propia campaña hacia el referéndum, que ya empezó y no puede detenerse. Lo que ya podemos y debemos decir es que esta nueva fase la abrimos nosotros, la abrimos nosotras, las organizaciones populares y un sujeto social en formación, amplio, diverso, consciente y movilizado que quiere incidir y decidir. Lo hicimos desde abajo, con amor, humildad y coraje, que es la única forma de parar la soberbia de los poderosos, y de construir lo nuevo. Con ese mismo espíritu, y sin ánimos triunfalistas, debemos encarar la fase que se inicia. Para la esperanza.

Series de entrada: El Sol Nº 17 - julio 2021
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