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La bacanal disruptiva

La Bacanal Disruptiva

Escribe Federico Pérez 

Luego de dos años, volvió el Carnaval. Volvió el color, el brillo, la alegría, el humor, el canto y el baile.  Todo lo anterior podría parecer un detalle trivial; sin embargo, nuestro carnaval contiene material de análisis más allá del papel picado y la serpentina.

El carnaval en general, es una subversión del status quo. Es una festividad en la cual se levantan los límites cotidianos, y se permiten excesos, críticas y burlas. [1]Mijaíl Bajtín analizando el carnaval medieval propone que “En este sentido el carnaval no era una forma artística de espectáculo teatral, sino más bien una forma concreta de la vida misma, que no era simplemente representada sobre un escenario, sino vivida en la duración del carnaval. Esto puede expresarse de la siguiente manera: durante el carnaval es la vida misma la que juega e interpreta (sin escenario, sin tablado, sin actores, sin espectadores, es decir sin los atributos específicos de todo espectáculo teatral) su propio renacimiento y renovación sobre la base de mejores principios. Aquí la forma efectiva de la vida es al mismo tiempo su forma ideal resucitada.” (Bajtín, 2003, p. 7). En nuestro caso específico, se establece discursivamente una crítica al orden político y social que busca concientizar y concientizarse (el discurso carnavalero es bidireccional, la leve separación entre quien mira y quien actúa se diluye rápidamente en el “pedregullo” o en la bajada de cualquier escenario barrial), poniendo en juego lo vivido en el año para ejecutar una mirada desde diferentes perspectivas, intentando construir una poética reflexiva de nuevas y mejores formas de vivirlo.

Además de cruzar los límites de la realidad cotidiana e institucional internalizados, se adhiere el ingenio, el arte y la creatividad en pos de una comunicación más efectiva, evocadora y constructiva con el pueblo.

Al revivir lo acontecido durante el año, no solo se lo cuestiona, sino que, al mismo tiempo, se busca retomar algunas temáticas que son de difícil discusión a nivel social o no son debidamente tratadas en el colectivo. La comunicación social en este nivel colectivo, aún hoy se refleja en los medios masivos de comunicación.

Por lo tanto, el discurso carnavalero tiene la potencialidad de poner en agenda temas que son olvidados, negados o tocados superficialmente en los medios tradicionales de comunicación. ¿Cómo se ejecuta esto? ¿Qué posibilidades otorga? ¿Cómo puede competir con la descarga significante difundida en los medios masivos?

En primer lugar, el carnaval es popular. Es una expresión artística en muchos casos interpretada por trabajadoras y trabajadores que por unos meses se pintan la cara. Si bien el carnaval transcurrió un proceso de profesionalización a partir de los años 90s, trayendo con eso códigos estéticos de otras disciplinas artísticas -principalmente el teatro-, sigue manteniendo una importante impronta de artistas que no son profesionales y no se dedican al arte el resto del año. Estos artistas recorren todos los barrios de la ciudad. Desde su presentación en el concurso oficial, hasta un tablado en el Paso de la Arena, Cerro, Barrio Municipal, Colón o los Ronda momo donde sea que vayan. Por lo tanto, el discurso carnavalero pregonado por artistas populares es también recibido en los barrios más populares de Montevideo y el resto del país con un alto grado de identificación. En segundo lugar, en estos barrios algunos asuntos acaecidos a nivel político, social y económico, no son asimilados, discutidos y/o reproducidos (como contraparte de otras temáticas que son desconocidas en otro tipo de barrios). Esto puede ser por omisión voluntaria de los medios de comunicación tradicionales o por reproducirlos en términos poco seductores para amplios sectores de nuestra población. Asimismo, la suposición de que mayor acceso a la información a través de las redes y la internet redunda en mayor libertad y facilidad de acceso, demostró no ser tan sólida. Muchas veces las personas no tienen tiempo de buscar, no saben cómo o continúan reproduciendo las lógicas de los medios masivos, consumiendo la información que difunden los mismos agentes en medios digitales. Por ende, la conexión per se, no es una solución a la unidimensionalidad de los medios tradicionales.

Mediante este encapsulamiento se configura la agenda setting. Esta agenda limita sustancialmente los temas que circulan en la opinión pública, acortando de un mismo modo las perspectivas desde donde se discuten estos temas.

El carnaval en su carácter de discurso disruptor e identitario de clase (y de colectivos silenciados históricamente), tiene la capacidad de colocar temáticas y problemas dónde muchas veces la agenda setting los eclipsó o suprimió. No se trata de decir con esto que las/los iluminadas/os del carnaval van a ilustrar a un público ignorante, sino que, por el contrario, vecinas y vecinos actores y actrices de carnaval, construyen en intercambio artístico nuevas discursividades en cada uno de los barrios.

Esta capacidad puede tener mayor o menor vuelo poético. Ser clara y directa en algunos casos, apoyarse en la sátira y el humor en otros, apelar a la melodía y la rítmica, utilizando la música como mnemotecnia. Estas técnicas ejecutadas con habilidad, producen procesos de identificación, edificación y asimilación de los discursos reproducidos en carnaval. Dicha asimilación es capaz de poner en jaque o en disputa los significantes vacíos y fascistas que son reproducidos en elmainstream mediático.

A priori, suele considerarse que la murga es la “voz del pueblo”, empero, en la actualidad, todas las categorías construyen textos con entramados temáticos de interés. Se apela a la crítica no solo política, sino también a la crítica cultural, estructural y de la sensibilidad en la sociedad.

En nuestra coyuntura, en plena campaña por el Sí al referéndum contra los 135 artículos de la LUC, el carnaval y los tablados populares son una herramienta de vital importancia. El discurso carnavalero tiene la posibilidad de acercarse a vecinas y vecinos no convencidos o sin información. Es ahí que este discurso junto con la capacidad militante de construir conversando, puede ser decisivo para el 27 de marzo.

El carnaval 2022 trajo un claro compromiso de las y los letristas de carnaval en esta dirección. Ejemplo de esto es el brillante libreto de la comparsa Valores de Ansina que hace emerger el racismo intrínseco de la sociedad uruguaya y su relación con la LUC. También destaca el cuplé de la murga Doña Bastarda sobre Azucena Arbeleche, el de Queso Magro de Graciela Bianchi o el “El nuevo culto” de La Cayetana. Parodistas, humoristas y revistas no se quedan atrás, criticando políticamente, pregonando empatía o entregándonos palabras en contra del abuso machista tan arraigado en carnaval y en nuestra sociedad.

Por lo tanto, el carnaval no es solo “el medio de comunicación” de la clase obrera, sino es que un ámbito artístico y discursivo que posee una gran capacidad de posicionarse como una vía óptima de generar reflexión, discusión e información. Esta vía -sin olvidar su carácter de entretenimiento en un primer nivel- es idónea también para una acumulación simbólica que redunde en una mejor cohesión entre el campo popular y nuestro Frente Amplio.


[1] Bajtín M. (2003). La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. El contexto de François Rabelais. Alianza Editorial S.A. Madrid

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