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Homenaje a Mario Cassinoni

Homenaje A Mario Cassinoni

Escribe: Florencia Bentancor Stíffano

El pasado 28 de octubre se realizó en Casa del Pueblo un homenaje a Mario Cassinoni en ocasión de un nuevo aniversario de su nacimiento. Contamos para dicha actividad con la presencia del ex Rector Rodrigo Arocena y el actual rector de la Udelar, Rodroigo Arim; así como con la participación de militantes de la Universidad y sindicales de distintas generaciones. A continuación, les dejamos unas breves pero sentidas palabras que no pretenden sino recordar con orgullo a este socialista que tanto le aportó  la Universidad y al país.

Nacido en Octubre de 1907, Cassinoni es sin dudas, uno de los nombres más entrañables y movilizadores de la historia de nuestra Universidad de la República. Un hombre de pensamiento y acción transformadora, un socialista comprometido con la Universidad y con el país.

De joven militó en la Asociación de Estudiantes de Medicina, fue editor de la revista de la AEM “El Estudiante Libre” y militó en nuestra querida Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay- organización que nos ha formado a muchos y muchas de nosotras. Fue consejero de FMed y del Consejo Central Universitario de la Ley Orgánica de 1908. Dicen que era un estudiante excepcional y como docente llegó a ser Profesor Titular de Física Médica.

Se afilió al Partido Socialista siendo estudiante en 1931 e integró la Agrupación Universitaria Socialista, el Centro Socialista «Giácomo Matteoti» y el CEN en distintos períodos. Fue un prolífico escritor de artículos para «El Sol» sobre temas políticos y sociales bajo el seudónimo «el del charco». Interrumpió su actividad partidaria al ser electo decano de la Facultad de Medicina, en ese momento en un artículo de El Sol se expresa: “Con profunda pena lo vemos apartarse de nuestro modesto medio para cumplir un alto destino.” 

Luego de terminado su decanato, en 1953, retorna a la militancia en el PS y es electo diputado, responsabilidad a la que renunciaría poco tiempo después para ser candidato a rector, siendo sustituido por Vivian Trías. Su actividad parlamentaria se centró en temas vinculados a la lucha contra la corrupción, la defensa de los derechos humanos y a una mirada socialista antiimperialista de las relaciones internacionales.

Fue electo Rector en noviembre de 1956, propuesto y con el apoyo del Orden Estudiantil, honor que sin dudas un ex militante estudiantil como él debe haber valorado especialmente. Al asumir dijo: «Dejé en la puerta de la Universidad no mis convicciones, lo que no sería lógico ni honrado, sino mis propósitos de orden político. Si yo fuera lo suficientemente inmoral o venal para aprovechar de circunstancias como éstas, afirmo que ni el Consejo ni los estudiantes me lo permitirían. Esa versión surge de quienes creen que organizar significa ser patrón y tener mandaderos«.

Desarrollar la Universidad en el interior era un anhelo profundo de Cassinoni, quien fue entusiasta promotor de la consolidación de cursos en varios departamentos del país. Decía en aquel momento: «Tenemos que atender las demandas del interior. Esta Universidad es la Universidad de la República y no la universidad de la capital de la República” y esas palabras y esa deuda con el país nos comprometen hasta la actualidad.

Pero quizás lo más relevante históricamente, tenga que ver con la aprobación- durante su rectorado- de la Ley Orgánica vigente, promulgada el 29 de octubre de 1958. Una Ley Orgánica que se aprueba luego de una histórica resistencia por parte de la comunidad universitaria y organizaciones del campo popular a la represión. Cassinoni fue uno de los emblemas de la lucha por esta Ley con discursos históricos en la explanada frente a una avenida llena de estudiantes, trabajadoras y trabajadores. La autonomía y la democratización de la conducción universitaria mediante el cogobierno consagrados en dicha norma, son principios carísimos para todos y todas quienes participamos de uno u otro modo de la vida universitaria y para el Uruguay todo.

Cassinoni proclamaba y sintetizaba en su discurso y en sus prácticas políticas los valores de la Reforma de Córdoba del 18. Tenía una manifiesta preocupación -de raigambre evidentemente reformista- por desenclaustrar la Universidad acercándola al pueblo y sus problemas, a través de la extensión (encarnada en aquel entonces por las Comisiones de Acción Social y de Cultura). Solía decir: “La Universidad aristocrática a la que me he referido, cada día más debilitada, es todavía la concepción de quienes sienten su título, su grado, cualquiera haya sido su procedencia social, como un privilegio, y no estiman la obligación de colocar su capacitación, precisamente por haber sido recibida gratuitamente, al servicio de los anhelos y reclamos populares. Desean además que la Universidad, como organismo, se siga refugiando en esa dignidad medieval que no saldrá menguada en el contacto diario con los que trabajan y con los que sufren«.

Cassinoni falleció a los 57 años de edad, poco tiempo después de terminar el segundo período como Rector. Su cuerpo fue custodiado y transportado por los y las estudiantes de la Universidad. Días después, «El Sol» titulaba así su primera página: «Ha muerto Cassinoni: ante el compañero caído, el Partido inclina su bandera». 

Trabajar sobre los desafíos de la Universidad hoy es la mejor forma de homenajear a un gran militante reformista, por esto me permito dejarles unas palabras suyas sobre el rol de las y los estudiantes que ojalá motiven a los y las más jóvenes a participar en sus espacios universitarios, ya que en nuestra Universidad no hay transformación profunda que sea posible sin los y las estudiantes. Decía Cassinoni: «En la Universidad el alumno lo es todo; podría desaparecer súbitamente el cuerpo profesoral, y así disminuida la Universidad seguiría existiendo. Entre los propios estudiantes se seleccionarían los maestros, los más aventajados tomarían, como en los tiempos iniciales de nuestra propia casa, la tarea de conducir y enseñar. La desaparición, en cambio, del estudiantado terminaría con la Universidad misma. Podríamos seguir realizando el oficio, perfeccionando técnicas, cambiando ideas e incluso marcando adelantos en el proceso científico, pero habríamos perdido el norte y el fin que nos agrupa y hasta el propio espíritu de progreso languidecería ante la falta del estímulo que son los ojos abiertos y los ojos ávidos del joven que quiere saber para llegar a ser y para superar a los que lo guían”.

“Las y los socialistas no mueren, se siembran” y la siembra de este socialista sigue siendo parte de nuestra más valiosa historia y de lo más preciado de nuestro presente.

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