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Entrevista a la compañera Vanessa Peirano presidenta de SUANP

Entrevista A La Compañera Vanessa Peirano Presidenta De SUANP

Por: Equipo de comunicación

¿Cómo te presentarías?

Una mujer, madre tipo. Creo que como la mayoría de las mujeres, siempre me encontré del lado de la lucha por forjar una sociedad más justa e igualitaria en derechos. Esa es mi satisfacción que no siempre es tan gratificante como se puede ver. Entiendo que los cambios no solo se proyectan con discursos sino que es necesario esforzarse todos los días para ejemplificar nuestras convicciones y, en esa línea, es que asumo personalmente responsabilidades que nunca me proyecté pero, estoy convencida, hacen a que otras mujeres lo puedan hacer.

Tengo la fortuna de pertenecer a la clase obrera y de cruzarme, en la vida, con muchos compañeros y compañeras que me enseñaron el valor de la lucha, que la lucha paga y que nunca es en vano todos nuestros esfuerzos aunque no siempre se valoricen en el momento justo. 

¿Qué es el 8 de marzo para una trabajadora y una sindicalista?

Es un día de larga lucha social que, gracias a la inserción de la mujer en el trabajo, pero sobre todo en los ámbitos de decisión e incidencia sindical, ya no pasa desapercibido. Básicamente es y ha sido siempre un día de lucha que recuerda la multitudinaria protesta de las trabajadoras textiles, hace más de 160 años, ante la indignación de sus pésimas condiciones de trabajo y la eliminación del trabajo infantil que les costó la vida cuando incendian su  fábrica en plena tarea. Por esto no es un día de celebración sino de reivindicar la equidad que necesitamos  las mujeres trabajadoras, de esta  búsqueda incesante para equilibrar  y armonizar  socialmente  el trabajo, la familia y el descanso.

Desde el movimiento obrero lo hemos transformado en una hermosa oportunidad donde  cada 8 de marzo repensamos  de muchas formas diferentes cómo nuestras conductas diarias promueven  o no el cambio social en nuestra vida, ese cambio más igualitario y justo tanto para nosotras como para los hombres,  fortaleciendo  la co-responsabilidad familiar que necesita nuestra sociedad en su conjunto  y que principalmente  venimos peleando las mujeres porque sigue existiendo una brecha social que nombramos “techo de cristal” que debemos visibilizar juntos. 

¿Qué piensas de la discusión sobre el paro solo de mujeres el 8 de marzo? 

Pienso que como toda lucha social nos involucra a todos y todas por eso es imprescindible que los hombres formen parte del proceso reivindicando, a la par nuestra, cada injusticia. Que los varones marchen o acompañen es bueno si realmente están asumiendo  su compromiso  social de interpelarse ante el lugar privilegiado que la sociedad patriarcal les brinda y mantiene. De otra forma no tiene ningún valor para nosotras.  El que solo las  mujeres paremos 24 horas también simbólicamente deja al descubierto  a qué actividades  nos permite acceder  el modelo patriarcal dentro del  mercado laboral. Es decir, generalmente ocupamos los puestos menos remunerados a pesar de estar  más preparadas dentro de las competencias técnicas  laborales y entonces es bueno si deja al descubierto que la limpieza, la enseñanza, la educación, los cuidados tanto hospitalarios como de las personas dependientes, son mayoritariamente los lugares que ocupamos. Por esto,  ante la consigna que hace ya muchos años levantamos sobre que si se para las mujeres se para el mundo. Es una buena muestra el  visibilizar el lugar de privilegio social que mantienen los varones ya que muestra que nuestra carga social de  tarea  no son solo  las remuneradas, sino que existe una carga extra de tareas no remuneradas y no reconocidas  socialmente que sostienen al mercado laboral,  por lo tanto sobreexplotan nuestras tareas.

Entiendo que el cambio cultural es un largo proceso que no se debe detener y como todos los procesos necesita ir caminando paso a paso. Que en las primeras marchas multitudinarias que comenzamos por 18 de julio, fuéramos solo las mujeres, fue un primer gran paso. Muy importante, pero, hoy la temática debe seguir avanzando y, es imprescindible para lograr el cambio, que los varones también se comprometan tanto sea con un paro, con una marcha o trabajando más cercanamente en las discusiones a diario, promoviendo espacios de  género en cada sindicato, no como un espacio solo de mujeres sino como un espacio que aporta cambios culturales importantes en la conciliación familiar de cada compañero o compañera.

¿Cómo fue generar una secretaria de género y una comisión de equidad desde tu sindicato?

Bueno, en primera instancia fue la primer forma de acercarme a la institución sindical ya que mi tarea es administrativa y enfocada en la responsabilidad social y, por lo tanto,  mi ambiente laboral nunca fue  mayormente masculino pero sí lo era el ámbito sindical portuario, así que con el apoyo de un histórico  compañero Portuario como los es Roberto Fontes -hoy jubilado de la institución pero que siempre  mantiene activa su militancia en la secretaria de equidad – comenzamos a trabajar dentro del SUPRA con la inserción de la mujer en ambientes donde solo se visualizaba a los hombres para:  los accesos al puerto, el manejo de grúas, la inspección de los servicios en los muros, entre otros. Y para esto, el enfoque principal tenía que ver con adecuar los espacios en común, logrando una armoniosa convivencia.  Es decir, no solo la infraestructura en baños mixtos o salas de lactancia dentro del recinto portuario sino trabajando por un lenguaje más inclusivo, de mejor empatía y entendimiento común.

En esos momentos dentro de SUPRA se estaba terminando el estatuto que nos unificó a los trabajadores públicos y privados. En ese marco, la secretaría de equidad nace con el objetivo de incluir en las negociaciones colectivas todos los derechos sociales que pudieran servir al equilibrio social entre el trabajo y la familia. Ahí conquistamos legalmente derechos como el medio horario maternal y, luego, paternal. Licencias especiales para cuidados de familiares dependientes y el compromiso de las empresas de trabajar de forma bipartita en todo lo necesario para disminuir las brechas de género salariales existentes y trabajar comprometidamente en la disminución de la violencia y el acoso laboral, dando espacios de atención y abordaje profesional.   Algunas empresas tomaron realmente el compromiso y han avanzado mucho en la inclusión de mujeres en sus plantillas, pero aún quedan muchas que no lo han hecho. Por lo cual la Secretaria de Equidad juega  un rol de mucha relevancia dentro de nuestro sindicato, trabajando en los protocolos de violencia y discriminación, abordando con técnicos profesionales en la materia  los casos puntuales de acoso laboral en donde se brinda una primera contención y luego se busca las soluciones de fondo.

La secretaria de Equidad es algo que todavía no se valora como merece y se sigue viendo como un lugar de participación solo para la mujer que se recuerda solo los 8 de marzo o 25 de noviembre. Fue un camino muy desgastante pero que, sin ninguna duda, también muestra sus fruto…Que hoy sea yo, una mujer, quien ocupa lugares de incidencia sindical, es la mejor muestra de que aquellos compañeros más cercanos al gremio realmente  acompañan la igualdad de derechos y oportunidades, desafiando nuestra cultura machista y alentando nuestro nuevo rol que también es desafiante para nosotras y que involucran cambios importantes en nuestras vidas.

Además de generar los espacios a los que me referí anteriormente; ¿Qué acciones concretas ha hecho tu sindicato con respecto a la violencia de género? 

Además de trabajar bipartitamente, como contaba más arriba, en la temática de fondo intentamos hacerlo principalmente a la interna nuestra promoviendo pautas y acuerdos  que desarrollamos en cada comité de base. Es decir primero trabajamos en  nuestras propias pautas sindicales para disminuir  la violencia en los espacios militantes para luego hacerlo fuera. Los espacios de discusión, generalmente, se tornan muy pasionales y eso generalmente hace que nuestros ambientes terminen siendo de exclusión sino se está constantemente trabajando en la violencia en todas sus formas.

Nuestra participación como mujeres en  estos espacios contribuye a un mejor lenguaje  y entendimiento en los ambiente de discusión,  generalmente cuando los tonos de discusión empiezan a tomar un tenor de agresividad, los propios compañeros modifican sus terminologías por el solo hecho de saber que también hay mujeres escuchándolos y esos son cambios culturales muy positivos que tal vez  no se valorizan tanto pero que van sucediendo a diario solo con nuestra presencia.

Es decir, cada discusión puede llevar a que en muchas ocasiones primen los gritos y los enojos, lo que generalmente no nos lleva a la búsqueda de acuerdo que queremos y que además hace que aquellas mujeres que se animan a participar dejen de hacerlo solo por evitar la hostilidad y los gritos, por lo cual, en este sentido, promover las cuotas de género igualitarias contribuye a la disminución de la violencia de una forma muy relevante.

 También tenemos un equipo multidisciplinario que aborda los casos puntuales y emergentes promoviendo que no solo se realicen las denuncias concretas sino que las víctimas sepan que cuentan con una red de contención inmediata que les demuestra  que no están solos o solas en el proceso y que acompaña a romper  el ciclo destructivo del que viene.

¿Qué significa tu cargo de representación para una rama que siempre fue de hombres?

Personalmente fue y sigue siendo un gran desafío. Involucra  cambios importantes en mi vida y en mi estructura familiar esto de asumir una representación históricamente masculinizada. Mostrar que cuando hablamos de trabajo portuario no solo hablamos del simple estibador que dio origen a nuestro gremio sino que de la importancia de la actividad portuaria para la región, es algo muy complejo de entender. Esa dificultad todavía la viven algunos de mis propios compañeros cuando en alguna oportunidad quisieran que mi figura como dirigente refleje la hostilidad a la que cada día los enfrenta su tarea pero que difícilmente se visualiza en un cuerpo de mujer, pero sin lugar a dudas mayormente puedo afirmar que significa una actualización y un reflejo real de lo que es hoy la actividad. La introducción de la tecnología en la infraestructura portuaria ya no requiere de cuerpos robustos ni de trabajos extremadamente forzosos sino que por el contrario, son tareas a las que las mujeres podemos acceder sin ningún impedimento físico, desempeñarlo con total precisión y que están muy bien remuneradas.

Así que mi representación como mujer en la actividad es una forma de luchar para que se visibilicen nuestros derechos y nos permita  generar mayor oportunidades en la actividad, como mujeres.

Falta mucho en los sindicatos para terminar con el machismo

Si, sin lugar a dudas. Falta el real compromiso de los varones, el entendimiento de que no es solo una cuota de representatividad lo que contribuye al cambio (el que es muy necesario pero es solo una de las tantas acciones), es un compromiso social a deconstruirse de los estereotipos sexuales y comunicacionales que nos formaron y mirarlos con un lenguaje más justo. Ese cambio  que deben  asumir, ese miedo que deben derribar de una vez porque ellos  también son víctimas del modelo patriarcal (aunque en menor medida) que también lo necesitan por ellos y por nosotras. 

Hay un ejemplo que es muy claro y muestra la capacidad de destrucción que contiene el modelo: cuando un hombre asesina a su pareja, a la madre de sus hijos y a esa mujer que amó con tanta pasión durante tantos años, generalmente ese hombre termina suicidándose también o por lo menos con varios intentos. Es decir, muestra que el problema no somos nosotras con la concepción revolucionaria de que somos dueñas de nuestros cuerpos y decisiones sino que también el problema lo cargan ellos con la obediencia sumisa de los mandatos patriarcales se sienten que fallan como hombres cuando asumen que la economía del hogar ya no es una herramienta de poder por ejemplo.

Falta que cada mujer trabajadora pueda empoderar su participación, que cada una de nosotras podamos ejercer nuestros puestos de trabajo en igualdad de condiciones, falta que esa desigualdad social que cargamos sea igual de indignante  para las varones como lo es para nosotras, falta que las políticas empresariales no permitan que sean los varones quienes puedan acceder a compensaciones extras por su gran disponibilidad horaria sino que se compense esa desigualdad social a favor de nosotras, las mujeres en el trabajo. Sobre todo falta dejar de estigmatizar o minimizar nuestra lucha.

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