Declaración del Comité Central

7 de junio

DEMOCRACIA PARTICIPATIVA, COMUNIDAD Y TRANSFORMACIÓN

I. La tensión entre capitalismo y democracia

Vivimos una coyuntura regional y mundial especialmente compleja, caracterizada por guerras, crisis económicas, sociales y ambientales, transformaciones tecnológicas aceleradas y una creciente fragilidad democrática. En este escenario, los gobiernos enfrentan dificultades para dar respuesta a las necesidades de sus pueblos debido a un orden global desigual e incierto. Al mismo tiempo, las demandas sociales se vuelven más fragmentadas e individualizadas, mientras crece la desconfianza hacia las instituciones y los actores colectivos, debilitando la participación política y la construcción de proyectos comunes.

Esta situación pone de manifiesto una contradicción que el socialismo ha denunciado históricamente: la tensión entre capitalismo y democracia. La creciente concentración de riqueza y poder en grandes corporaciones, especialmente en el ámbito tecnológico y digital, les permite influir sobre la información, las decisiones colectivas y la vida cotidiana de las personas. Las big tech no sólo concentran recursos económicos sin precedentes, sino también capacidades para moldear subjetividades, controlar información e influir sobre las decisiones colectivas y las conductas individuales. Paralelamente, se expanden experiencias políticas que erosionan derechos y debilitan los controles democráticos, instalando la idea de que la democracia es un obstáculo para la seguridad o el crecimiento económico. Frente a ello, las y los socialistas hemos sostenido que una democracia auténtica no limita la transformación social, sino que constituye su condición fundamental, y que solo puede consolidarse mediante mayores niveles de igualdad, libertad y participación ciudadana. Esta mirada interpela de raíz a las estructuras capitalistas.

Una mirada de superficie a la realidad de América Latina muestra que el continente  atraviesa un ciclo de enorme volatilidad política. Gobiernos de distinto signo asumen con escasos márgenes de acción, enfrentan sociedades fragmentadas y dificultades para construir mayorías duraderas. La alternancia se ha vuelto la regla y la continuidad la excepción. Los resultados electorales recientes muestran una región que oscila permanentemente entre proyectos políticos sin lograr estabilizar horizontes compartidos de desarrollo y proyecto de sociedad.

En una realidad compleja el Gobierno del Frente Amplio cumplió apenas quince meses de gestión, el Comité Central reunido el día de hoy analizó este contexto desafiante y ha resuelto trabajar en una plataforma propositiva a fin de contribuir al fortalecimiento de la fuerza política y del Gobierno. 

II. Uruguay ha optado por fortalecer la democracia y reconstruir comunidad.

Desde una perspectiva socialista, resulta imprescindible reafirmar que nuestra mirada sobre la transformación social no es “estadocéntrica”. Valoramos el papel del Estado como garante de derechos y constructor de igualdad, pero entendemos que las transformaciones profundas requieren también organización popular, participación democrática y construcción permanente de poder popular. No concebimos la política como una relación vertical entre Estado y ciudadanía, sino como un proceso colectivo de ampliación de capacidades democráticas y socialización del poder.

Por eso valoramos especialmente la orientación que han asumido diversas iniciativas impulsadas por el gobierno nacional, con un cambio progresivo de lenguaje y enfoque en las políticas sociales. La apuesta al tejido social con la presencia en más de 100 espacios públicos del país a través del programa “Comunidad a la Plaza”, la incorporación decidida de agentes comunitarios en políticas públicas que abordan realidades sociales particularmente difíciles, planes intersectoriales como “Más Barrio”, “Libertad Segura”, o la “Primera Estrategia Nacional sobre Situación de Calle”, construida con voz y participación de actores históricamente olvidados o reducidos al papel de “beneficiarias/os” o “usuarias/os”, expresan una comprensión más profunda de los desafíos contemporáneos. Reconocen que muchos de los problemas sociales más graves no se explican únicamente por la falta de ingresos o prestaciones, sino también por la injusticia estructural, la ruptura de vínculos, la pérdida de pertenencia, el aislamiento y la fragmentación social. Los desafíos de nuestro tiempo exigen políticas capaces de sostener trayectorias de vida, reconstruir redes comunitarias y fortalecer el tejido social, con un Estado activo pero que no pretenda sustituir ni verticalizar a la sociedad organizada. El desafío es construir capacidades estatales pero también capacidades comunitarias, poder popular, derechos con comunidad y políticas públicas capaces de acompañar procesos vitales complejos. No se trata sólo de derechos y proximidad, sino también de presencia, implicación y construcción colectiva. 

Estas iniciativas dialogan con una concepción profundamente socialista de la democracia y la comunidad. Buscan enfrentar el individualismo y la lógica de competencia permanente que constituyen la base cultural del proyecto político de la derecha. Procuran construir horizontes comunes, fortalecer la convivencia, dinamizar procesos de educación popular y generar espacios de encuentro entre sujetos sociales diversos. 

Reconocemos los avances impulsados en materia de justicia tributaria. La implementación del impuesto mínimo global y la decisión de gravar determinadas rentas derivadas de la venta de activos en el exterior constituyen pasos importantes en la dirección correcta que empezarán a tener efecto a partir de 2027. Expresan la voluntad de corregir privilegios y avanzar hacia una distribución más justa de las cargas tributarias, que históricamente hemos defendido como Partido Socialista.

Como socialistas creemos que este camino debe profundizarse. Las democracias del siglo XXI deben animarse a discutir con mayor firmeza la concentración de riqueza y poder. No habrá democracia integral ni igualdad sustantiva si una porción cada vez menor de la sociedad continúa apropiándose de una parte creciente de los recursos colectivos. Más allá de los instrumentos tributarios concretos, es a eso a lo que hemos apuntado y seguimos apuntando cuando acompañamos el concepto del “1% al 1% más rico”.

La elaboración estratégica de nuestro Partido, en el documento: “Y después del progresismo, ¿qué? emanado de nuestro 50º Congreso apunta esencialmente a dos dimensiones: la del cambio productivo y la democratización económica, y la de la política social comunitaria y la socialización del poder. Desde el Partido Socialista impulsaremos una campaña de movilización y construcción social en torno a prioridades estratégicas para el desarrollo del país y la ampliación de derechos. Entre ellas, destacan la lucha por una Universidad de la Educación autónoma y cogobernada, la efectiva implementación de las orientaciones del Diálogo Social, transformándolos en avances concretos para la sociedad uruguaya.

En este marco, valoramos los resultados alcanzados en el proceso del Diálogo Social. La recuperación de la causal jubilatoria a los 60 años para una parte importante de las y los trabajadores sin pérdida de ingresos, la ampliación de coberturas para sectores históricamente postergados, la mejora en el acceso a pensiones, la limitación del papel de las AFAP, el fortalecimiento y unificación de las políticas de transferencias, con énfasis en la primera infancia, y otras medidas acordadas constituyen avances significativos en la construcción de una sociedad más justa, solidaria e integrada.

Entendemos además que la irrupción de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías vuelve impostergable el debate sobre la reducción de la jornada laboral. El progreso tecnológico debe traducirse en más tiempo para vivir, cuidar, estudiar, crear y participar. No puede transformarse exclusivamente en una herramienta para aumentar ganancias y profundizar desigualdades.

Asimismo, reafirmamos nuestro compromiso con la creación de la Universidad de la Educación autónoma y cogobernada, una herramienta estratégica para fortalecer la formación en educación, generar soberanía pedagógica, democratizar el conocimiento y consolidar un proyecto educativo a la altura de los desafíos nacionales. 

Las y los socialistas asumimos estos desafíos con responsabilidad y vocación transformadora. Sabemos que gobernar en esta etapa exige inteligencia política y capacidad de diálogo. También sabemos que las herramientas construidas por nuestro pueblo a lo largo de décadas deben ser cuidadas y fortalecidas.

Saludamos a nuestro Compañero Daniel Olesker que asumió como Sub Secretario del Ministerio de Industria, Energía y Minería. Su designación es un reconocimiento a su trayectoria vinculada al trabajo con sectores productivos, al cooperativismo de producción, de vivienda y al mundo del trabajo.

También saludamos a nuestra Compañera Mónica Xavier ha asumido como Presidenta del Comité Directivo de la Comisión Interamericana de Mujeres de la OEA; resultado del trabajo articulado entre el Instituto Nacional de las Mujeres – MIDES y el Ministerio de Relaciones Exteriores, y constituye un reconocimiento al compromiso histórico del Uruguay con la promoción y protección de los derechos humanos de las mujeres, la igualdad de género como condición indispensable para alcanzar democracias plenas, la paz y la justicia social.

III. En tiempos de fragmentación, incertidumbre y avance conservador, el Frente Amplio sigue siendo una herramienta válida y plural para construir mayorías transformadoras.

Reafirmamos nuestro compromiso con el Frente Amplio como herramienta de acumulación de las fuerzas populares uruguayas.

Hemos dado y seguiremos dando, desde nuestra mirada socialista, debates de fondo sobre el proyecto político frenteamplista, pero por todo lo anterior entendemos que el momento actual, con nuestra fuerza política en el gobierno y en un contexto global tan complejo, exige fortalecer y enriquecer la conducción  que se ha logrado consolidar, garantizando los ámbitos adecuados para procesar fraternalmente esos debates e intercambios, en el marco de la acción política permanente y la unidad de acción. En ese contexto, apoyaremos la candidatura del compañero Fernando Pereira como Presidente del Frente Amplio. Fernando cuenta con amplios apoyos y eso le permitirá seguir fortaleciendo la vida orgánica de la fuerza política en una etapa particularmente desafiante. En el acuerdo y también en el desacuerdo valoramos la generación de ámbitos de diálogo y escucha que Fernando ha promovido en su Presidencia, los cuales creemos que es necesario profundizar. Debemos seguir avanzando en la construcción de un clima fraterno, que valore la diversidad y el debate profundo, leal, evitando perfilismos vacíos o inconsistencias.