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Aprender a decir su palabra – a cien años de Paulo Freire y a medio siglo de Pedagogía del Oprimido.

Aprender A Decir Su Palabra – A Cien Años De Paulo Freire Y A Medio Siglo De Pedagogía Del Oprimido.

Escribe Marlon Zapata

Pedagogía del Oprimido es un extraño libro pedagógico porque la palabra escuela apenas tiene lugar en él. Esto se debe a la deliberada convicción de que el oprimido es constructor y responsable de su liberación. 

Las líneas que siguen intentan echar luz e invitar a la relectura de una de las obras más importantes de Nuestra América y tal vez, del mundo entero en el último siglo – “Pedagogía del oprimido” – donde Freire plantea la necesidad de apuntar a una educación liberadora, educación desde y para los oprimidos, contraponiéndola a la educación bancaria, que responde a los intereses de los opresores. 

En este apartado intentaremos fijar la atención en la propuesta pedagógica freiriana inscripta en la obra, de manera de permitirle al lector la posibilidad de pensar, desde este lente, el universo de propuestas y reflexiones que seguramente nazcan de este breve e inacabado repaso. Dejando el análisis y la crítica a la educación bancaria a los demás compañeros y compañeras que escriban en este especial. Quienes con toda seguridad lo atenderán como corresponde.

La educación liberadora debe ser una educación humanizante, para lo cual se hace necesario ser consciente de la realidad histórica deshumanizada. Educación que tiene que ser de los oprimidos para sí mismos. Son ellos quienes deben liberarse, jamás serán los opresores los que trabajen por una educación que busque luchar contra la injusticia y la explotación.  

Humanización y deshumanización como posibilidades dentro de la historia, dan lugar a la necesidad de concientizarse de su lugar de opresión, objetivarse y situarse en su realidad histórica. “¿Quién mejor que los oprimidos se encontrará preparado para entender el significado posible de una sociedad opresora?”

Así Freire plantea la necesidad de que el oprimido participe en la pedagogía para su liberación. La concientización se vuelve necesidad para lograrlo, la alfabetización su camino.

El Dasein de Freire está sobre toda su obra, de esta manera se ve impregnada por su biografía, sus acciones, sus experiencias, sus lecturas filosóficas con Hegel y sobre todo el marxismo a la cabeza, la fe cristiana y la fe y el amor en y por el prójimo. 

1. La alfabetización como camino hacia la liberación.

El método busca fundamentalmente concientizar y politizar, para Freire el hombre –en adelante ser humano o simplemente ser-  debe ser hacedor y protagonista de la historia propia y del colectivo que habita. La pedagogía de Freire, apunta a ser práctica liberadora.

La metodología surge de la práctica social, y reflexiona sobre ésta para mejorarla y transformarla, en una dinámica de constante cambio dialéctico, y reformulación permanente. La reformulación se basa en la idea de que el ser humano es un ser inconcluso, en constante movimiento, por eso el método se reformula constantemente. De manera tal que la metodología descrita en la obra está determinada por el contexto en el cual Freire se basa para elaborarla. 

La educación es un acto político, que tiene como cualidades: la capacidad creativa y transformadora del ser; la capacidad de asombro. El conocimiento tiene una dimensión social, otra política y otra histórica en la que se inscriben los procesos educativos para la libertad.

Para Freire la alfabetización es un camino para liberar al ser humano. “(…) aprender a escribir su vida, como autor y como testigo de su historia-biografiarse, existenciarse, historizarse. Por esto, la pedagogía de Paulo Freire, siendo método de alfabetización, tiene como idea animadora toda una dimensión humana de la ‘educación como práctica de la libertad’ (…)”[1].

Las técnicas de alfabetización, en base a ese sentido, terminan siendo una conquista del ser mismo y de su mundo. Esta conquista implica la constante contradicción, ya que, sin ella, el cambio sería imposible. 

El proceso de alfabetización, busca la humanización del ser, la conciencia humana de sí mismo y de su inscripción en el mundo, en la realidad social y política que a su vez lo conforma, lo inscribe en la búsqueda de la conciencia, la conciencia del propio ser, ser obligadamente político como postura frente a su proceso y al colectivo que lo conforma. 

La concientización se despega desde el proceso de alfabetización, la palabra es la herramienta de la conciencia, se dibuja así un camino donde “alfabetizar es concientizar”[2].

a) La palabra como generadora de sentido y conciencia política.

Pedagogía de Oprimido es una obra que reflexiona sobre las prácticas en un contexto muy particular, que es el del nordeste brasilero donde buscará romper las relaciones de opresión – de casi esclavitud-  en la década de los 60´ partiendo de la base que esta condición tenia estrecha relación con alta tasa de analfabetismo

De esta manera la palabra sería un camino entre el estado de opresión y la concienciación para lograr la liberación.

Un mínimo de palabras con su máxima polivalencia fonética es el punto de partida. Esas palabras deben representarse en el mundo tangible del alfabetizando, debe construir sentido a su práctica en su vida cotidiana, para eso deben provenir del universo cultural del alfabetizando. Un vocablo es rico, cuando logra expresar y contener en él, una serie de vivencias y de imágenes propias, debe tener una carga semántica significable.

Lo que permite el compromiso, y hace dueño de la palabra al ser humano, es la vocación de ésta como dadora de sentido, es decir, el ser se adueña de la palabra por tanto se apropia de la realidad simbólica que ella conlleva, se adueña de su propia realidad, ya que la palabra se desprende de la propia vivencia.

Las palabras definidas anteriormente por su cualidad de provenir del medio cultural del alfabetizando, así como, por su capacidad de tener la cualidad de representar muchas posibilidades fonéticas y/o semánticas se le llama palabras generadoras, porque a través de la combinación de sus elementos básicos, propician la formación de otras. De esas palabras se desprenden significaciones, capaces de configurar situaciones existenciales.

Las significaciones son representativas de las situaciones, que, vividas por la experiencia del alfabetizando, pasan a un plano simbólico, donde éste puede ganar distancia, es decir verse así mismo en el accionar, en la experiencia, logra entonces, “ad-mirarse”. Cuando llega a este punto se comienza a decodificar, a desarmarse a sí mismo y a su accionar en un proceso reflexivo de su práctica.

Lo que queremos decir con esto, es que la decodificación es análisis y reconstrucción de la acción vivida, se desprende de la situación concreta de las urgencias del día a día para abrir posibilidades de reflexión.

La inmediatez de la experiencia se detiene, se suspende en el tiempo, para ser reflexionada, analizada, cuestionada, en el análisis crítico; lo cual abre la puerta para nuevos análisis y proyectos existenciales.

Objetivar es el propósito de alfabetizar, de esa manera el alfabetizando se encuentra con el mismo, y con los otros, sus pares del mismo círculo cultural, coinciden en intenciones, surge la comunicación y el diálogo, que promueve la acción dialéctica del cambio, se aprende en la reciprocidad de las conciencias.

La palabra generadora, puede ser objetivada, como combinación de fonemas y su representación gráfica. A esta altura del proceso el alfabetizando ya sabe que la lengua es cultura, y se siente desafiado a develar la construcción de las palabras, porque estas construyen su mundo. El grupo es capaz de descubrir al ser como sujeto en el proceso histórico. Al escribir el alfabetizando se va dando cuenta de su historia, de que es consciente, testigo y autor de ella.

b) El método de alfabetización de Paulo Freire.

Este método no enseña a repetir palabras, sino que coloca al alfabetizando en condiciones de poder reexistenciar críticamente las palabras de su mundo, para poder decir su palabra.

Para asumir responsablemente su misión de ser humano, éste tiene que aprender a decir su palabra, porque con ella se construye así mismo, y su grupo humano en el cual está inmerso. Lo instala en el mundo en el que él se humaniza humanizándolo. 

Con la palabra el ser se hace humano, al decirla se asume en su condición humana. El método que le propicia ese aprendizaje, abarca al ser humano todo, y sus principios fundan la pedagogía, desde la alfabetización hasta los altos niveles universitarios.

La pedagogía es antropología dice Freire, ya que se ocupa del humano en su totalidad como ser integro en un espacio y a su vez historizado en el proceso de autoconquista. Es un comportarse del hombre frente al medio que lo rodea.

Lo que no se cumpliría en el caso de la alfabetización institucional de los adultos, como acción para la libertad, el autor nos señala que no es una actividad puramente técnica ni neutral, sino que la enseñanza proviene con una concepción de ser humano implícito en los manuales. En estos materiales, se considera que los educandos deben ser “llenados”, ya que el analfabeto es considerado un “ser vacío”.

La crítica de esta concepción desde el pensamiento freiriano afirma que desde esta lectura el ser humano, es un ser pasivo, objeto y no sujeto del proceso de aprender a leer y escribir. Las lecciones tienen poco vínculo con el contexto sociocultural del educando. Lo que es insultante para Freire y la pedagogía del oprimido que propone que el conocimiento se relacione y emerja del entorno del sujeto.

El analfabeto se percibe como un Hombre Marginal, es decir, como seres que están fuera de algo. La marginación no se elige, el marginado es expulsado y es por lo tanto objeto de violencia. El sistema hegemónico los transforma en oprimidos.

El autor propone hipótesis sobre la marginación de los analfabetos y su estado de alienación. La primera, hace referencia a la posición de los manuales de alfabetización, éstos conservan y adormecen la conciencia, llenándola de frases y palabras que carecen de sentido. La segunda, los analfabetos son oprimidos del sistema, es necesaria la alfabetización como acción cultural para la libertad.

Paulo Freire piensa un método de alfabetización, que pretenda que el ser humano se redescubra mientras se asume responsable reflexivamente en su propio proceso de configuración, esto es, el método de concienciación.

2. La concienciación como motor transformador.

La Concienciación es un método de carácter liberador y revolucionario, que busca la desmitificación a todo nivel, a través de un proceso transformador y continuo de la conciencia crítica, y en palabras del mismo Freire: “el trabajo humanizante no podrá ser otro que el trabajo de la desmitificación. Por esto mismo, la concientización es la mirada más crítica posible de la realidad, y que la desvela para conocerla y conocer los mitos que engañan y que ayudan a mantener la realidad de la estructura dominante” [3]

Siendo motor fundante y dador de sentido de este método, la observación crítica del sujeto, quien, reconociéndose primero sujeto, podrá reconocerse luego inscripto en una realidad histórica y en una relación de opresión, que generará una instancia de reflexión, donde el antes agente pasivo social, se convertirá en un agente promotor y productor del cambio.

Freire señala que la concienciación, no es sólo conocimiento o reconocimiento, sino opción, decisión, compromiso. Integrando en todo momento al concepto de liberación y libertad, el de responsabilidad como fundamento y desencadenante de estos.

Freire también nos habla de ciertas trabas a la consumación de este método que engloba en un concepto que denomina “Miedo a la Libertad” Siendo este el miedo -casi nunca consciente- del oprimido, a ser responsable y transformador de su realidad. 

Es que la responsabilidad, es condición esencial para la liberación del oprimido, quien haciéndose consciente de sus actos, pasa a ser responsable de ellos, y por tanto agente consciente de cambio.

También existen resistencias de los “opresores” a este proceso, en tanto amenaza el statu quo resultante de su relación de opresión. Freire nos señala que el opresor al verse desprovisto de su estructura deshumanizante, sentirá nostalgia de la situación de opresión perdida, y recelo del antes oprimido, y en este momento siendo sujeto en proceso de liberación, intentando restablecer la situación previa acusará a este sujeto antes oprimido de estar siendo injusto con el correcto devenir del mundo, llegando a sentir el antes opresor, sensación de injusticia, sensación de una injusticia que nunca es tal. Sino que nace del quiebre en la relación de opresión.

En todo caso, concienciación es la búsqueda de la libertad a través del reconocimiento crítico, y el compromiso activo con la realidad, es la búsqueda de los oprimidos de romper el yugo que los oprime, sin la necesidad –y con la obligación- de no invertir los roles con el opresor. Quizás sea esto último, en un mundo cada vez más alfabetizado, pero no más consciente, el mayor desafío de la pedagogía para la liberación del oprimido.


[1] Freire, P.: “Pedagogía del oprimido”, Ed. Siglo Veintiuno, España, 1985, pág. 10.

[2] Freire, P.: “Pedagogía del oprimido”, Ed. Siglo Veintiuno, España, 1985, pág. 11.

[3] FREIRE, P. “El mensaje de Paulo Freire. Textos seleccionados por el INODEP”, Fondo

de Cultura Popular. Ed. Marsiega, Madrid, 1973. Pág. 73

Series de entrada: El Sol - Nº 19 - Freire
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