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La Democracia En Disputa: Uruguay El País De La Cola De Paja

La democracia en disputa: Uruguay el país de la cola de paja

Escribe: Pablo Oribe

“La esencia de una nación es que todos los individuos tengan mucho en común, y también que todos hayan olvidado muchas cosas”. Ernest Renan

La remisión al parlamento de la Ley de Urgente consideración impulsada por la coalición de gobierno, es una oportunidad para pensar la democracia que tenemos, tuvimos y queremos.  Es necesario problematizar nuestro presunto esencialismo democrático para cuidar nuestras instituciones y los derechos conseguidos.

La ley busca reformar el Estado de manera express, decretando urgencias y emergencias diversas (seguridad, educación, régimen de las empresas públicas, etc) valiéndose del formato de una ley ómnibus para evitar dar discusiones francas, participativas y democráticas. Este cuestionable mecanismo es usado para imponer un programa conservador y autoritario. La iniciativa del ejecutivo por forma y contenido debilita la calidad democrática de nuestro país.

Está relativamente instalado que Uruguay es un país con una profunda huella democrática, y que somos esencialmente pacíficos y plurales. Este relato es parte de nuestra identidad, y constituye una construcción colectiva que ha permeado en nuestro imaginario. Julio María Sanguinetti es uno de los exponentes más destacados de dicha construcción. Utiliza el relato de la esencialidad democrática para explicar las causas del último golpe cívico-militar: en su argumentación de las causas del golpe construye dos demonios a los que responsabiliza por la dictadura. Según esta teoría, el golpe fue responsabilidad de dos minorías antidemocráticas; por un lado la guerrilla tupamara que tomó las armas y atentó contra nuestro ideal sistema democrático y por otro, los militares, que cometieron crímenes y desbordes en su represión. En la lucha entre esos dos demonios, por el camino quedó la democracia. Esta explicación es muy útil porque exime de responsabilidad al resto de la sociedad civil. Este relato construye una historia donde la dictadura, la censura, el autoritarismo, los asesinatos políticos y de militantes sindicales, la ilegalización de partidos de izquierda son eventos extraordinarios y ajenos a la nación.

¿Somos esencialmente democráticos? Un poco de historia para buscar la respuesta…

Es peligroso hablar de esencialismo democrático porque la democracia no viene dada ni constituye un rasgo esencial del Uruguay, ni de ningún país. La democracia es una construcción colectiva, que se expande por la presión de las movilizaciones y demandas populares y que corre el riesgo de retroceder cuando llegan al gobierno partidos que expresan los intereses de las clases dominantes.

Nuestro siglo XIX estuvo signado por la violencia política. Desde el punto de vista formal, para que exista democracia debe existir sufragio universal; en nuestro país el voto universal masculino se instrumentó en 1918 y el voto femenino en 1942. En el siglo XX sufrimos cuatro golpes militares, los cuatro dados por los presidentes en ejercicio en ese momento (Cuestas 1898, Terra 1933, Baldomir 1942 y Bordaberry 1973) y con apoyo de sectores de los partidos tradicionales. Si tomamos en cuenta estos criterios, estrictamente tuvimos democracia formal en nuestro país en tres períodos: 1918-1933, 1942-1973 y 1985 hasta la fecha.

Aún más si consideramos que en esos períodos tuvimos hechos de violencia política e institucional graves, ilegalización de partidos políticos y sindicatos, persecuciones a líderes sindicales y de izquierda y ataques de grupos fascistas.

Durante la década del 60 (momento de plena paz social y política si seguimos el relato de Sanguinetti…) estuvieron activos grupos paramilitares de extrema derecha que contaron con respaldo y apoyo de sectores del gobierno, de sectores de los  partidos tradicionales y la policía: en 1961, un grupo de fascistas intenta asesinar a Ernesto Guevara y terminan, por error, acabando con la vida del profesor de historia Arbelio Ramírez. Su retiro sin problemas del lugar, muestra el contubernio con las fuerzas policiales y con el entonces Ministro de Seguridad, Benito Nardone; El año siguiente, tenemos varios grupos operando que secuestran y tatúan esvásticas en los muslos de Soledad Barret; En 1967 es ilegalizado y proscrito nuestro Partido Socialista. Durante el gobierno de Jorge Pacheco, se produjo la generalización de la tortura y una permanente represión de las protestas, entre ellas, las estudiantiles que terminan con el asesinato de estudiantes.

Este somero recuento de episodios muestra que la democracia y la plena vigencia de sus instituciones no viene dada de antemano. La democracia está siempre en disputa y permanente tensión. Durante los años de gobierno del Frente Amplio, hemos logrado ampliarla por medio del robustecimiento de las instituciones democráticas y el reconocimiento de derechos que eran negados para muchos colectivos; como la ampliación de la cobertura de salud, el aumento sostenido del salario real para trabajadores y la apertura de la Universidad de la República en todo el territorio nacional.

Por ello, es preciso estar muy atentos para que el nuevo gobierno no detenga ni retrotraiga los avances democráticos logrados en estos años. La coalición de gobierno construye un relato lleno de populismo autoritario donde los privilegiados son presentados como débiles y comienza a mostrar señales de querer avasallar la calidad democrática de nuestro Uruguay.

Ante esto, las y los socialistas apostamos a fortalecer la herramienta Frente Amplio y a profundizar nuestra alianza con los movimientos sociales para luchar por seguir expandiendo la democracia política, social y económica. Porque la democracia no está garantizada, y todos los días debemos luchar por ella.

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