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Entrevista a Gonzalo Civila

Entrevista A Gonzalo Civila
 «El programa del capital transnacional  y la crisis civilizatoria que atravesamos no pueden enfrentarse sin regionalismo e internacionalismo de izquierda»

El Cono Sur atraviesa actualmente un proceso de ascenso de las derechas con características muy particulares tras la elección de gobiernos progresistas a lo largo de sucesivos períodos. ¿Cómo y por qué considera que tuvo lugar el avance de la derecha tras los gobiernos progresistas?

En primer lugar, parece claro que el supuesto asumido en la pregunta es correcto y esto conviene explicitarlo, porque lo que se plantea no es un mero enunciado descriptivo. Me afilio a la idea de que lo que está sucediendo en el Cono Sur de América es un avance de la derecha, y que ese avance implica el desplazamiento de gobiernos que, más allá de matices, compartían un perfil popular y progresista. Caracterizar con cierta precisión a las derechas que ascienden y a los gobiernos progresistas que, en los casos de Argentina y Brasil, acaban de terminar, nos permitiría encontrar claves para interpretar los procesos que en el enunciado que antecede a la pregunta se mencionan, y responder, en parte, la interrogante planteada.

 Esquemáticamente sugiero que las derechas que ascienden, más allá de sus matices, también son parte de un cerno social e ideológico común, y que en lo inmediato – como están demostrando con sus primeras decisiones – vienen a implementar programas nítidamente neoliberales: depresión del salario real de los trabajadores, flexibilización laboral y retrocesos en materia de derechos, redistribución regresiva del ingreso, privatización de áreas estratégicas del estado, etc. Para hacerlo necesitan generar escenarios de «crisis», antes de hacerse del gobierno (Brasil) o después – si es que no lo lograron antes – (Argentina, con la apelación permanente a la «pesada herencia»). La diferencia más marcada en relación a la retórica de la derecha en la década de los 90s es que en este caso el planteo neoliberal se encuentra más encubierto, o sea, se trata de un neoliberalismo vergonzante, que no puede ganar diciendo claramente lo que va a hacer, en gran medida porque las sociedades no aceptarían perder parte de lo que ya no es una promesa dudosa sino conquistas palpables y concretas de la década pasada. Eso nos coloca en principio en una posición más favorable para luchar. El «caballito de batalla» de las derechas en el Cono Sur, y diría en buena parte de América Latina, es el manido “derrocharon la bonanza” (o «se la robaron»). Sobre el núcleo de sentido de este y otros mensajes, propagados además de forma permanente por los grandes medios de comunicación, es imprescindible trabajar.

Finalmente, es también importante destacar que el ascenso de las derechas no se da ni con las mismas características ni por los mismos medios en todos lados, pero es claro que la díada grandes medios de comunicación – sectores del poder judicial, cumple un papel fundamental, sobre todo en lo que a generación de opinión refiere. En el caso de Brasil esto se acompañó, como en situaciones anteriores en otros países de América Latina, de un “golpe parlamentario” que derrocó a un gobierno legítimamente electo.

HI: ¿Cuáles son las causas de este ascenso de la derecha?

Resumidamente las agruparía en tres tipos interrelacionados entre sí: 1)estructurales, tanto globales como regionales; 2) culturales; 3) vinculadas a errores propios o desviaciones.

Sobre las primeras parece evidente que el proceso de avance de las fuerzas que se expresan políticamente en la derecha no se da únicamente en el Cono Sur y coincide, como en otros momentos históricos, con un cambio de fase del ciclo económico. El capitalismo no ha logrado superar la crisis que estalló en Wall Street hacia el 2008. Ha quedado claro que la misma no era una mera crisis de las finanzas y que no había economías desacopladas o inmunizadas frente a sus efectos. EEUU ha ido “exportando” la crisis con distintos grados de diferimiento a distintas regiones, mientras se procesa una reestructura del sistema hacia un nuevo modelo de acumulación cuyos parámetros aún no podemos anticipar con claridad. Hoy el ciclo resulta desfavorable para las denominadas “economías emergentes” y obviamente para las más periféricas y dependientes, en particular las latinoamericanas, tanto por los precios internacionales de nuestras materias primas como por los flujos de inversión extranjera, ambos factores relevantes para explicar el crecimiento económico de la década pasada. El escenario podría resumirse en esta frase: grandes corporaciones transnacionales, dueñas de las principales cadenas de valor, han invertido y generado capacidades en nuestros países durante los últimos años, hoy vienen por la optimización de sus costos, y eso significaría neoliberalismo en América Latina. Los mega-acuerdos en materia comercial son sin duda parte de esa estrategia.

Este proceso, en el plano global parece estar asociado a un relativo fortalecimiento de EEUU, cuya hegemonía podría parecer amenazada o complejizada por el avance de un cierta multipolaridad, sustentada en el crecimiento de otras potencias y bloques. EEUU y el complejo transnacional asociado a su política necesita liderar la “salida” mundial a la crisis y el proceso de reconfiguración del sistema. El bloqueo e intento de “golpe institucional” en el MERCOSUR, posibilitado por la nueva realidad política de Argentina y Brasil, el Brexit , el No al acuerdo de paz en Colombia, son solo algunos ejemplos de sucesos que tienden a fortalecer la hegemonía norteamericana, a la que no le sirve ni la paz en la región ni los procesos de integración regional relativamente autónomos en ninguna parte del mundo, menos si éstos se proponen articulaciones con otras potencias o eventuales potencias. La segunda afirmación sería entonces la siguiente: la constelación de poder asociada a EEUU tiende a fortalecerse en esta fase, y como queda demostrado por un sinnúmero de señales y apoyos concretos ofrecidos a la derecha continental, articula en parte esta ofensiva conservadora. El complejo derrotero de la elección norteamericana tendrá efectos sobre el curso de los acontecimientos.

 Cabe señalar aquí que la debilidad del proceso de integración regional impulsado en estos años, sobre todo en el plano productivo y cultural, producto de la presión de las burguesías locales, de la pugna por inversiones extranjeras, de intereses políticos menores y de nacionalismos excluyentes de “patria chica”, nos encuentran aún extremadamente dependientes y vulnerables a esta situación. La falta de una inteligencia geopolítica regional común y la superposición descoordinada y por momentos contradictoria, de estrategias particulares, nos pasa factura.

 Sobre el segundo tipo de causas, en el caso del Cono Sur, parece claro que existe una hegemonía marcadamente de derecha en el plano cultural. La expansión del consumo de los trabajadores y sectores populares, el proceso de inclusión vía consumo y trabajo, amén de mejorar las condiciones de vida de las mayorías y consagrar derechos importantes, no ha ido acompañado de una expansión de la conciencia “para sí” y de un desarrollo de la organización popular suficientes como para contrarrestar la capacidad de asimilar estos avances por parte de la ideología dominante. Por el contrario el imaginario meritocrático-individualista y “antipolítico” distorsiona la autopercepción y propone una interpretación conservadora del proceso social. Es decir, la participación y agencia política de los sectores populares, lapredisposición a la organización colectiva y a un enfoque solidario de las relaciones sociales, no logran prevalecer al punto de convertir en “sentido común” una perspectiva funcional al avance de los cambios en esta fase. Por el contrario, la lógica dominante parece ser la de los “consumidores” que además actúan como demandantes, oferentes y competidores en el mercado, aspecto que se traslada a distintas esferas de la vida. El individualismo egoísta y la mercantilización de la política son dos adversarios poderosos para el avance de un proyecto de transformación social de izquierda.

 El tercer tipo de causas, las vinculadas a los errores propios y desviaciones, es tan amplio y diverso como las características de cada proceso. Cuestiones vinculadas al desdibujamiento de una ética y una plataforma política claramente diferenciadas de las de la derecha conforman este tercer conjunto. Se abre aquí un gran abanico que va desde las políticas de ajuste implementadas en Brasil y las causas de corrupción tanto en Brasil como en Argentina, pasando por la incapacidad o imposibilidad de realizar algunas reformas estructurales cruciales, la mala ejecución o comunicación de otras, los escasos esfuerzos de pedagogía política, los problemas en la construcción del “partido” y los relevos, la burocratización, hasta la adopción de medidas y discursos extraños a una identidad popular y de izquierda o que no contribuyeron a la identificación y apropiación del proceso de cambios por parte de las mayorías sociales y de una base social organizada.

HI: ¿Qué debería hacer la izquierda para contrarrestar este escenario político de embestida de derecha?

 La izquierda necesita esencialmente resistir y avanzar. En el caso de Uruguay la posibilidad de avanzar con nuestros objetivos programáticos es por cierto mucho mayor que en el caso de los países donde la derecha se ha hecho de los gobiernos, por eso nuestra responsabilidad con el movimiento popular latinoamericano es inmensa. En cualquier caso resistir a la embestida global y regional neoconservadora implica organizar y movilizar fuerzas sociales capaces de defender las conquistas logradas, denunciar cualquier amenaza o retroceso democrático y proponer alternativas viables y articuladoras de mayorías populares. Las líneas de avance, en nuestro caso, pasan esencialmente por la transformación de la matriz productiva con un marco de inserción internacional no subordinado a los intereses geopolíticos de la derecha y adecuado a ese fin, el avance de experiencias de economía social y autogestionaria, el fortalecimiento de la matriz de protección social, la profundización del proceso de redistribución progresiva de ingreso y riqueza, la revolución educativa, el desarrollo de una política de vivienda más potente y creativa, una posible y necesaria reforma constitucional, y un conjunto extenso y variopinto de tareas, que deben pensarse siempre en relación con el fortalecimiento de la fuerza política, la movilización y la lucha ideológica en la sociedad, lejos de cualquier forma de burocratismo o elitismo político. En suma,  se trata de rechazar de plano la tesis adaptacionista según la cual debemos resignarnos al ajuste estructural, estando en el gobierno o fuera de él, y, por el contrario, asumir una actitud de ofensiva política que nos permita realizar nuevas reformas y plantear con claridad nuestro mensaje y proyecto.

En términos estratégicos es fundamental construir pensamiento crítico regional, superando la actual crisis teórica y construyendo un nuevo paradigma de izquierda que abreve en las tradiciones y experiencias históricas y también en la correcta interpretación de los procesos en curso y de las derrotas sufridas. Esa reflexión debe incluir al menos tres vertientes: un programa de economía política crítico y transformador, una teoría del estado y la acumulación social, y una elaboración sobre mentalidades, subjetividades y procesos de formación de “sentido común” en nuestras sociedades.

El diálogo regional y global de las izquierdas y fuerzas populares debe a su vez orientarse en el sentido del fortalecimiento de la confianza y la mutua comprensión de nuestras diversidades. El programa del capital transnacional  y la crisis civilizatoria que atravesamos no pueden enfrentarse sin regionalismo e internacionalismo de izquierda. Sólo así se podrá forjar una verdadera voluntad política integracionista, expresada en acciones de cooperación y solidaridad sostenidas y contundentes, plataforma imprescindible para proyectar una globalización alternativa.

Fuente: http://www.hemisferioizquierdo.uy/

7 de octubre 2016

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