EL PARTIDO SOCIALISTA DE URUGUAY EN DEFENSA DE LA DEMOCRACIA

“En un contexto de avance de las fuerzas conservadoras en la región, que intentan por cualquier vía restaurar los privilegios de las clases dominantes a costa de barrer con los derechos conquistados por las mayorías populares y nuestros gobiernos, es imperioso, como socialistas, identificarnos desde la radicalidad más profunda en la defensa de las conquistas alcanzadas, la solidaridad, la libertad, la democracia (en su más auténtico sentido político, económico, social y cultural) y los derechos humanos.

Ante cualquier afrenta a nuestros principios, vengan de quien vengan, la izquierda comprometida con la Democracia y el Socialismo, convencida de la posibilidad de construir un futuro verdaderamente humano sobre esas bases, debe aportar con humildad, autonomía y valentía su opinión y mirada crítica, reivindicando siempre su propuesta alternativa. Toda ausencia es una irresponsabilidad y una omisión al internacionalismo y al latinoamericanismo.”

(CEN del PS, 18 de junio de 2018)

Los países de la región y la comunidad internacional se han visto conmovidos por una serie de hechos que también nos conmueven a nosotros y sobre los que queremos ofrecer una mirada comprometida con los valores de democracia, solidaridad, justicia y libertad que le dan sentido a nuestra acción política.

En el día de ayer el pueblo de Bolivia ha vivido una jornada dramática en la que se terminó de consumar un golpe de estado sanguinario y antipopular. El Presidente constitucional del Estado Plurinacional de Bolivia, compañero Evo Morales, a horas de haber tomado la decisión de convocar una nueva elección siguiendo las recomendaciones de la OEA, se vio obligado a renunciar al mandato vigente que la ciudadanía le confiriera hace cinco años. Este hecho fue consecuencia de un movimiento violento que arrasó casas y edificios públicos, que dañó la integridad física y atacó la dignidad de ciudadanas y ciudadanos del país y que concluyó con amenazas sobre la vida de dirigentes y militantes, especialmente indígenas, un acuartelamiento policial y la intervención directa de las fuerzas armadas forzando la renuncia del Presidente. Ante este escenario el Presidente Morales, el vicepresidente Álvaro García Linera y demás funcionarios del gobierno, no tuvieron otra alternativa que renunciar a las responsabilidades que la ciudadanía les confirió, buscando de este modo evitar un derramamiento de sangre. Por estas horas muchos militantes del MAS se encuentran incomunicados, amenazados y perseguidos, y – hasta que no se concrete el asilo político concedido por el gobierno de México – la vida del propio Presidente Evo corre peligro. 

Las valoraciones sobre los enormes logros sociales y económicos del gobierno de Bolivia así como sobre sus acciones, errores y desviaciones -al igual que los balances  críticos y autocríticos sobre cualquiera de los gobiernos de la región -, no pueden llevarnos a simplificar el análisis de las crisis ni a relativizar que una renuncia obligada a un mandato constitucional, ante la amenaza violenta y armada, califica como un golpe de estado. En este caso las acciones de las minorías privilegiadas que lo protagonizan revelan además su carácter clasista, racista y militar. 

Las y los socialistas de Uruguay manifestamos nuestra más absoluta solidaridad con el pueblo y el gobierno legítimo de Bolivia, y nos unimos a todas las voces, de todos los partidos políticos que, independientemente de su ideología, han condenado sin titubeos este accionar perverso, que nos retrotrae a los peores momentos de nuestra América Latina. Saludamos especialmente el pronunciamiento del gobierno uruguayo, que apegado a la mejor tradición del país en materia de política internacional, repudió categóricamente el golpe. A su vez nos unimos a la exigencia de respeto irrestricto de los derechos de las ciudadanas y los ciudadanos de Bolivia y la realización de elecciones democráticas sin proscripciones.

Lo sucedido en Bolivia, con el silencio cómplice de la enorme mayoría de los gobiernos de la región, no es el único motivo de alerta y preocupación. Hace pocos días las y los socialistas de Uruguay nos habíamos manifestado sobre la dolorosa situación que atraviesan los hermanos pueblos de Chile y Ecuador, sometidos a una brutal represión por parte del Estado. En el mismo sentido nos hemos pronunciado en más de una oportunidad sobre situaciones de autoritarismo, violencia y vulneración de los derechos humanos en otros países del continente, sin importar el signo ideológico y político de sus  gobiernos. 

Como contracara, vivimos con satisfacción la liberación de nuestro compañero Luis Inacio “Lula” Da Silva, injustamente encarcelado, y celebramos el resultado de las elecciones nacionales en Argentina donde, luego de cuatro años de destrucción neoliberal, ha resultado electo un gobierno progresista y popular que esperamos pueda generar condiciones de desarrollo y justicia para nuestro pueblo hermano.

En el medio de una campaña electoral en la que se juega el destino de nuestro país para los próximos cinco años no podemos soslayar que nos encontramos en una época violenta, como no pensamos volver a vivir. El gobierno prepotente e imperialista de Donald Trump en EEUU, el discurso y las acciones de odio que un día sí y otro también promueve el gobierno de Jair Bolsonaro en Brasil, el ascenso de las ultraderechas en países europeos, y las situaciones que viven otros países de América Latina y el mundo, nos convocan a alertar a nuestra sociedad sobre la importancia de defender y protagonizar la democracia. El malestar ciudadano y la crisis de sentido de nuestras sociedades no deben canalizarse de formas salvajes y violentas, sino por el contrario conducirnos, por la vía de la política pacífica, a la búsqueda de nuevas formas de convivencia y organización de la vida social, centradas en la dignidad del ser humano, en la cooperación y la construcción de democracias más plenas y justas, donde quepamos todas y todos. Este desafío nos exige, particularmente a las fuerzas del cambio social, una profunda responsabilidad en la búsqueda de la unidad, cimentada desde la base misma de los pueblos.

En este marco, y desde nuestras más profundas convicciones, hacemos un llamamiento a todas las fuerzas democráticas de Uruguay a condenar los graves hechos de violencia y vulneración de las garantías y derechos que están viviendo países hermanos. Estos pronunciamientos serán fundamentales para la decisión clave que las ciudadanas y los ciudadanos de nuestro país deberemos tomar el futuro 24 de noviembre.

Casa del Pueblo, 11 de noviembre de 2019.